#VibraMéxico La protesta social no surge desde arriba

Organizaciones “ciudadanas” (léase liberales) convocaron este domingo 12 de febrero a manifestarse en contra de las políticas de Trump y a favor de la “unidad de los mexicanos”. Las motivaciones fueron ambiguas desde el comienzo y el fracaso al menos en términos de asistencia aún mayor en el momento de la marcha.

¿Quiénes convocaron?

El grupo de convocantes a la movilización fue bastante diverso. Sin embargo comparten algunas cosas: se trata de organizaciones pro-gobierno (o del gobierno mismo) que difícilmente cuestionarán las acciones del mismo. Instituciones académicas como el CIDE, la UNAM y la UAM fueron criticadas por su propia comunidad por la afinidad al peñismo de la manifestación.

Otras organizaciones como Mexicanos Primero y México Unido contra la delincuencia también convocaron a la “unidad”. Nunca lo dijeron abiertamente pero también se trata de una especie de espaldarazo al presidente priísta que ha actuado con bastante timidez ante los embates de Donald Trump. Isabel Miranda de Wallace le gritaron “asesina” por su cuestionable vinculación a la Policía Federal durante los tiempos de Genaro García Luna con la administración calderonista.

Baja asistencia: baja legitimidad

 


Las cifras de la marcha en la Ciudad de México rondan las 20 mil personas de acuerdo con algunos reportes. Dicha cifra palidece ante las casi 100 mil personas que se manifestaron contra la candidatura de Enrique Peña Nieto en 2012. Simplemente la asistencia de personajes de cuestionable reputación política en la marcha fue algo que disuadió a muchos mexicanos de asistir. Intelectuales orgánicos, asociaciones e instituciones que legitiman las actividades de la presidencia de México poco o nada pueden hacer para “unir” a los mexicanos en torno a un gobierno que ha sido de todo menos nacionalista.

La protesta social no se puede forzar

Una de las características de muchos movimientos sociales coyunturales es que son espontáneos. Algunos se organizan y otros no, pero se comienza con la manifestación callejera. De redes sociales, colonias y familias surge la indignación que puede terminar en una protesta. Por el simple hecho de hacer una página web y lanzar hashtags no se logra la tan llamada “unidad nacional” que en muchos casos pareció un llamado a no criticar a EPN en el momento más frágil de su administración.

  • ¿Se puede apoyar a un presidente que ha hecho negocios oscuros a costa del presupuesto público?
  • ¿Se puede estar del lado de un gobierno que ha mostrado poco o nulo interés por los reclamos sociales?
  • ¿Merece unidad un gobierno que se ha rodeado de gobernadores corruptos hoy prófugos de la justicia?

Si la unidad nacional significa estar de parte de EPN y compañía, entonces la unidad que piden es sumisión ante Estados Unidos. Porque eso es lo único que esta administración ha hecho: responder tímidamente y esconderse debajo de un discurso de falso nacionalismo. La crisis ya no sólo es interna políticamente, sino externa. Donald Trump ha expuesto el escaso respaldo de la sociedad mexicana a sus gobernantes.

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