Peña Nieto, Trump y el informe micro

“Cambiar el monólogo por el diálogo” dijo EPN al comienzo de su cuarto informe de gobierno, perdón, al mensaje con motivo de su cuarto informe, porque desde las épocas de Calderón los presidentes ya no rinden cuentas personalmente ante el congreso, únicamente entregan por escrito lo que se supone son los logros de su gobierno.

Copiando el formato de informercial usado por su compa, Eruviel Ávila en el Estado de México, EPN se “abre al diálogo” mediado por tómbola, a la interacción con la ciudadanía (previa selección de los invitados a modo) y al cuestionamiento filtrado por el equipo de comunicación social. El mensaje estuvo acompañado de una fuerte campaña publicitaria donde el mandatario habla con la juventud, con los mexicanos exitosos, porque mejor centrarse en lo micro que en lo macro, donde no hay nada bueno qué decir.

Las cifras rondan y abundan: bajo desempeño de la economía, nulo impacto de las dichosas reformas estructurales, conflictos sociales en auge, recortes presupuestales, alza del dólar y aumento de la inseguridad. Cifras que no son novedad para ningún presidente, para ningún informe, pero que son maquilladas y evadidas retóricamente. Las problemáticas se nulifican con un foro, las demandas y reclamos son absorbidos por el discurso oficial como “temas pendientes de prioridad”.

En efecto, lo bueno no se cuenta pero cuenta mucho pero ¿qué tanto tiene que ver el gobierno con lo “bueno”? (cualquier cosa que eso sea). Muchos de los “logros” mostrados en los spots publicitarios son más personales que por un cambio estructural en la economía mexicana; como en las olimpiadas, las autoridades se cuelgan medallas ajenas con tal de presentar algo positivo a una ciudadanía cansada del mal gobierno, por decir lo menos.

En el marco del informe, EPN platicó con Donald Trump, el repudiado candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, quien gustoso asistió al encuentro que le garantizaría más publicidad negativa (para él toda publicidad es buena publicidad). EPN quiso mostrar fortaleza diciendo que “no vamos a pagar por el muro que quiere el señor”, pero lo único que demostró es el usual subordinamiento de nuestro país a lo que pasa en el norte. El propio acto de invitar a una persona tan deleznable como Trump es una falta de respeto y dignidad propia que ningún mandatario debería permitirse.

De esta forma, Peña Nieto se esconde a plena vista: ante reflectores y una representación cuestionable de la sociedad; ante las cámaras y la publicidad televisiva, se niega a dar realmente la cara a los mexicanos perjudicados por sus múltiples políticas públicas fallidas así como ofendidos por su visible incapacidad de gobernar. Ya ni hablar de la abierta corrupción que comienza con él.

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