#LordAudi tiene razón en algo

En que es México y nada va a pasar. Pero ¿A qué se refiere con esto exactamente?

El sujeto en cuestión, cuyo supuesto nombre es Rafael Márquez Gasperín, atropelló a un ciclista mientras estaba en un carril exclusivo. No conforme empujó a un policía, quien evidentemente evitó usar la fuerza contra él y se dio a la fuga. Los hechos son ampliamente conocidos por el video que circula en internet y las distintas versiones sobre su nombre, procedencia e incluso su supuesto domicilio.

Supongamos que la cosa hubiera sido al revés: un ciclista mamón y de varo es atropellado por algún cafre (sea un microbusero o un particular) SIN varo. Seguro no lo veríamos viralizado pero el sospechoso podría terminar acusado de intento de asesinato o algo por el estilo. “Las cárceles están llenas de inocentes (pobres)” para ajustar el refrán popular. La justicia, o mejor dicho, el sistema de justicia mexicano opera a contentillo y por dinero, eso no es novedad.

Entonces, el #LordAudi estaría en lo correcto al decir que no hay bronca: es decir, con influencias y dinero probablemente ni siquiera tenga que pisar el ministerio público, juzgado o lo que sea. Por otro lado, el escarnio público gracias a las redes sociales es un mecanismo que muchas personas han utilizado para denunciar y lograr que se castigue a prácticamente quien sea; incluso personas poderosas, cosa que no pasaría de otra forma.

Esto tiene al menos dos aristas: 1) lograr el castigo a criminales o infractores mediante la denuncia en redes sociales puede lograr su objetivo, pero la resolución de los casos puede resultar meramente ornamental, es decir, se hace para acallar los reclamos y que todo siga igual, sin un cambio profundo en las instituciones de procuración de justicia, 2) al someter a la opinión pública los escándalos de este tipo, las opiniones se polarizan y se corre el riesgo de ser injustos con los culpables (sí, también tienen derechos), es decir, se castiga una injusticia con otra.

No sostengo que esté mal el linchamiento público, de hecho soy partidaria del mismo, sin embargo, debemos tomar en cuenta que en el fondo el problema es uno: las instituciones del Estado no funcionan, no imparten justicia y ante esa omisión, hay poca diferencia entre denunciar a la Lady o Lord del momento y linchar a alguien en la plaza del pueblo.

Finalmente, es claro que la existencia de estas personas tiene que ver con la misma situación: nos encontramos en un país desigual y corrupto donde el “más chingón” saca la mejor parte. En realidad esto es consecuencia y no causa de la desigualdad, desde mi punto de vista, por lo que pedir a las propias instituciones que “funcionen adecuadamente” es poco más que una necedad.

En fin, a seguir lidiando con lores y ladys; a seguir haciendo justicia por propia mano (o teléfono) y rascarse con sus propias uñas.

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