La “formalidad” y la tragedia en Tultepec

Luego de la explosión del mercado de San Pablito, en Tultepec Estado de México, muchas son las dudas sobre las causas del incidente. Mientras autoridades municipales, estatales y federales se pelean los reflectores por ser los salvadores de la comunidad, los artesanos de la pirotecnia seguirán en la para-legalidad.

Pirotecnia: cultura y prácticas al borde de lo legal

La producción artesanal de pirotecnia data de la Nueva España. Desde entonces ha sido sujeta a todo tipo de regulaciones por parte de las autoridades del Estado. Para el antropólogo Gabriel Angelotti, uno de los problemas fundamentales es que las autoridades no toman en cuenta los conocimientos locales de los productores. Esto no permite que sean las propias asociaciones de artesanos las que colaboren en la generación de regulaciones para la producción, distribución y almacenamiento de explosivos.

Los accidentes en el mercado no son novedad. Desde 1998 ha habido más de 30 explosiones y 65 muertos. En el 2005 incluso quedó completamente destruido, como en este año. Lo anterior a pesar de que el gobierno del estado de México tiene un organismo institucional designado para vigilar todo lo relacionado con la pirotecnia.

2016: un episodio más de las tragedias

De acuerdo con algunas versiones, el incidente pudo haber sido causado por un niño. Independientemente del origen de la explosión, lo cierto no hay claridad en las regulaciones, ni mecanismos para garantizar que este tipo de accidentes no vuelvan a suceder.

Por un lado, la solución más simple sería cerrar el mercado de San Pablito y todos los similares. Prohibir el manejo artesanal de la pirotecnia entre otras medidas restrictivas. Sin embargo, esto terminaría con una tradición y práctica cultural que, si se manejara adecuadamente, dejaría se ser peligrosa y podría en cambio ser parte de la economía formal del país. Se simula que un problema no existe para seguir cobrando cuotas no fiscalizables; aunque esto implique la más grosera simulación.

Como siempre, la fatalidad es utilizada políticamente: Peña Nieto y Eruviel Ávila presentándose como los salvadores del día. Presumiendo obras públicas que son, por decir lo menos, su obligación gestionar como servidores públicos. Prometiendo a los pobladores, afectados y vendedores que volverán, una vez más como desde 1998, a construir un tianguis al que sólo podemos ponerle un cronómetro para la siguiente explosión.

Mientras tanto, las víctimas continuarán esperando justicia; las autoridades continuarán su política de simulación, buscando mantener su cuota de votos y los medios “objetivos” continuarán explotando el drama de la tragedia mientras esto les genere rating.

Imagen: twitter

 

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