Fidel Castro y la integración latinoamericana

Este 25 de junio murió Fidel Castro, uno de los políticos más controvertidos del siglo XX. Mientras muchos festejan su muerte y otros recuerdan su legado, lo cierto es que es una de las últimas figuras importantes del socialismo contemporáneo.

Contrario a lo que muchos piensan, Fidel Castro no fue líder absoluto de la revolución cubana. Su guerrilla, el Movimiento 26 de Julio, fue uno de los varios grupos armados que buscaron deponer a Fulgencio Batista entre 1953 y 1959. Su llegada al poder al final de la revolución fue un largo proceso de lucha por el poder, principalmente con José Antonio Echeverría y otros líderes del Directorio Revolucionario, a quienes finalmente añadió a sus filas.

La política cubana es igual de compleja que en otros países latinoamericanos. El hecho de que haya un partido de Estado no quiere decir que se trate de una “dictadura” en el sentido fuerte del término. Es cierto que hay cerrazón política y autoritarismo, sin embargo, Cuba es insignia de muchos avances en términos de desarrollo social que son innegables.

La idea de que un solo hombre es capaz de cambiar la historia es una narrativa simplista. Fidel Castro, el político, fue una figura emblemática alrededor de la cual se tejió la nueva izquierda socialista latinoamericana. Independientemente de la consideración que se tenga sobre estos gobiernos, como el venezolano, ecuatoriano o boliviano, es innegable la influencia de la revolución cubana en las agendas políticas de América Latina en al menos los siguientes aspectos:

  • Oposición al imperialismo económico norteamericano y su intervencionismo.
  • Búsqueda del desarrollo regional y cooperación entre países.
  • Integración de las agendas de derechos humanos en las legislaciones locales.
  • Restricciones al libre mercado y sus efectos negativos sobre los pueblos.

En suma, los logros de la revolución cubana no son de Castro, sino del pueblo cubano. Criticar y entender su papel histórico es de suma importancia en un momento en el que las derechas se unen, avanzan y retoman el terreno que habían perdido en muchos países. También nos obliga a replantearnos el socialismo del siglo XXI, que no puede obedecer a los mismos condicionamientos y necesidades del siglo pasado. La búsqueda de sociedades más democráticas debe pasar por los ejemplos como Cuba, sí, pero sin dejar de lado sus defectos y errores.

En México, recordemos, el distanciamiento diplomático con Cuba se debió al abandono de un proyecto nacionalista y la adopción de modelos liberales ligados a los intereses norteamericanos. Mucho se ha promovido la estigmatización de todo lo que suene a “comunismo” en nuestro país sin tomar en cuenta ni los aciertos de estos sistemas de organización social ni las fallas catastróficas que el liberalismo “democrático” ha traído a nuestro país.

Leave A Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *