¿Es hora de que La Jornada desaparezca?

No hay una respuesta definitiva a esta pregunta. Sin embargo, hay varias reflexiones que podemos hacer a propósito de los recientes conflictos laborales en este periódico-empresa mediática.

Es una empresa, tiene intereses como todas

Desde que Carmen Lira asumió la presidencia en 1996 (quien se ha reelecto hasta la fecha sin problemas) La Jornada ha atravesado varias etapas. Lo que más ha llamado la atención en estos años, desde mi punto de vista, es cómo el periódico se ha convertido progresivamente en un espacio más “tibio” en cuestiones políticas.

Desde cosas aparentemente inocentes como llamar “presidente de la república” a EPN (cosa que no hizo con Calderón) hasta promover teorías de la conspiración sobre el anarquismo en la ciudad, el periódico ha perdido su lugar como LA voz crítica contra el gobierno peñista. ¿Reconciliación con el PRI? ¿Moderación con fines de no ahuyentar anunciantes? Quién sabe.

Lo que sí es cierto es que ha recibido y recibe publicidad gubernamental. Particularmente de la Ciudad de México, a quien incluso le hicieron una gaceta muy al estilo de cualquier diario estatal con los caciques locales en turno (o muy a la Vértigo pa pronto). Lo cierto es que La Jornada es una empresa que tiene inversionistas, trabajadores e intereses de por medio, económicos especialmente.

Distinción “periodistas” vs “huevones”

Paco Ignacio Taibo II, llamó “huevones” a trabajadores del periódico. No dijo nombres ni señaló a nadie pero, dado el contexto, parece que se estaba refiriendo a la mayoría de los que apoyaron el inicio de la huelga.

Lo anterior es típico de “periodistas” como Taibo (y el Fisgón): menosprecian a todos los que no son de su club, una membresía que parece obtenerse de acuerdo al número de boletines escritos y reportajillos callejeros. Basta leer cualquier manual de periodismo (chequen el de Vicente Leñero Mario Marín) para entender que esta actividad es entendida tradicionalmente como una “profesión” o un “oficio”; en todo caso, una actividad epistémicamente privilegiada que sólo pueden desempeñar algunos “iluminados”. A todas luces parece una idea completamente infundada en la época del periodismo 2.0, ciudadano, colaborativo etcétera (conceptos que seguramente los guardianes de las buenas costumbres periodísticas ni conocen).

Los problemas

El punto es que dirección de La Jornada dice que no había mayoría de trabajadores de parte de los huelguistas; también argumentan que “hay mano negra” (lo que resulta mera paranoia sin pruebas de por medio); además de la clara manipulación de los hechos que, en otras versiones, son muy diferentes. Los huelguistas, encabezados por Judith Calderón, mostraron sus argumentos para entrar en huelga, los cuales incluyen:

  • Altos salarios de la cúpula de La Jornada (por ejemplo, Alfredo Jalife ganaba como 30 mil varos mensuales por sus 2 cuartillas muchas veces disparatadas) Por aquí anda el pedo
  • Reducción de las prestaciones
  • Nula o escasa transparencia respecto a los ingresos por publicidad

Parece que son exigencias mínimas para cualquier empresa que se diga “democrática”. Pero no es así: al final, la huelga fue declarada inexistente por argucias legales, papeleos dignos un reportaje de la vieja La Jornada como una denuncia de cómo una empresa hace uso de huecos legales para dar una lucha justa por terminada.

Y a pesar de esto, la respuesta de la dirección ha sido legaloide. La respuesta de otros colaboradores, como Blanche Petrich, ha sido ambigua pero siempre en contra de la huelga.

La Jornada no es el único ni el mejor medio crítico del poder

En fin que La Jornada tiene muchos pedos: económicos (está en crisis según sus directivos a pesar de que cobra 100 mil varos por banner sencillo (info no disponible en internet, generalmente el gobierno se los compra)), políticos-ideológicos (ha dejado de ser un espacio auténticamente crítico del poder para convertirse en comparsa del resto de medios tradicionales de la esfera pública del país), e incluso laborales (sus trabajadores ya están hasta la madre de injusticias dignas de cualquier empresa capitalista maligna). Quienes la defienden son, con todo respeto para sus carreras, unos viejitos conservadores que protegen nada más y nada menos que su gallina de los huevos de oro.

Completa falta de innovación periodística

A todo lo anterior se suma (y además es consecuencia de) la falta de innovación en contenidos y formatos. La Jornada no tiene un canal decente de información en video (lo único son los video blogs de algunos de sus columnistas decentes, como Julio Astillero); su sitio web no es dinámico ni tiene periodismo de datos, infografías u otros recursos que no sean texto plano; su sección cultural es completamente clasista y la de ciencia completamente cientificista.

En conclusión, me parece que ESTA Jornada capitalista, hasta cierto grado corrupta, mocha, atrasada, financieramente quebrada e injusta con los trabajadores debe y VA a desaparecer. Desafortunadamente para quienes viven a sus expensas.

Por otro lado, si surgiera una NUEVA Jornada, crítica, democrática, justa, a la vanguardia de tecnologías y formatos, sin duda sería algo que no sólo merece el medio y sus trabajadores, sino el país mismo.

El fin de los medios tradicionales

El destino de los medios tradicionales es adaptarse o morir. Algunos lo han entendido (como Milenio, que tiene una sección bastante interesante de periodismo de datos), otros, como La Jornada, se aferran a un pasado romántico del periodismo de a “pie” (léase de hueva) al mismo tiempo que reproducen formas del establishment mediático que alguna vez rechazaron.

¿No por eso se fundó?

Imagen vía @juanagallardo1

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