El periodismo como cheque en blanco

La conducta de Mauricio Ortega, ahora ex director del periódico La Prensa, es la norma y no la excepción en el periodismo nacional.

Robarse el jersey de Tom Brady y supuestamente un casco de otro jugador es un descaro sí, pero sólo eso. Hay otras formas de robar, otras formas de engañar y otras formas de saltarse los códigos de ética del supuesto “periodismo objetivo y verdadero”.

Hipocresía de los grandes medios

Nadie justifica lo que hizo Ortega. Sin embargo, llama la atención que diversos medios nacionales, como la propia Organización Editorial Mexciana (OEM) hayan reaccionado con “indignación”. Dicho sea de paso: la OEM representa las fórmulas periodísticas más rancias; siempre al servicio del gobierno en turno, hablando del “señor licenciado presidente” y atacando a todo lo que suene a oposición. La misma indignación debería causarles la guerra contra el narco, la implicación del ejército en el caso Ayotzinapa, la escandalosa corrupción de la clase política. Pero así como se indignan más por un ladrón de autopartes que por un ratero de cuello blanco se escandalizan más por un trabajador que sustrae jerseys que por la podredumbre del periodismo nacional.

Los medios supuestamente críticos tampoco se salvan

Proceso, La Jornada, dos medios que representan también una época donde reinaba el PRI. Nadie cuestiona su vocación crítica ni su lugar en la historia del periodismo nacional. Hay que señalar, empero, que estos medios son empresas: cobran millones, se mueven por el lucro, tienen compromisos políticos y, el punto más fuerte, dependen en gran medida de la publicidad gubernamental.

Pero no se puede hacer periodismo gratis…

Esto es verdad. El gran dilema de diversos paradigmas comunicativos del periodismo actual tiene que ver con el financiamiento. Desde el periodismo colaborativo hasta el periodismo 2.0 o “ciudadano”, el gran problema surge cuando se trata de contar con los medios y los profesionales (que cuestan) para hacer periodismo. El dilema es simple:

¿Se puede ser “auténtico periodismo” recibiendo dinero del gobierno?

Entonces, cuando estamos en un panorama de sumisión directa o indirecta de los grandes medios de comunicación:

  • ¿Son diferentes estos medios del gobierno que dicen vigilar?
  • ¿Pueden realizar una crítica genuina si dependen en gran medida del dinero que se les otorga?
  • ¿Quién vigila a estos medios, se auto regulan, auto censuran y no rinden cuentas a nadie?

Desde los Ciros Gómez Leyvas y López Dóriga hasta las Carmens Aristeguis vemos a los periodistas departiendo con la élite nacional. Ya sea en fiestas privadas o en entrevistas exclusivas, los periodistas son una especie de “meta-poder” que lo mismo evalúa que participa del sistema.

Por todo lo anterior, no sorprende entonces que de pronto surja un Mauricio Ortega: un tipo que ni siquiera es reportero (menos deportivo) pero que estaba en el Super Bowl con acreditación de prensa. No difiere del seudo intelectual que de parte de Sopitas a “hacer periodismo” al Vive Latino (y de paso a chingarse unas chelas viendo a sus bandas favoritas); no difiere mucho de los directores de medios que son agasajados en las coberturas gubernamentales (avión y comida incluida).

Lo de Ortega refleja una profunda crisis en el periodismo nacional que no solo tiene que ver con las formas sino con el fondo.

¿Para qué estamos haciendo periodismo?

La pregunta queda en el aire mientras las formas alternativas de informar y comunicar siguen ganando terreno a pesar de todo.

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