El 19 de septiembre era mi cumpleaños: crónica del terremoto

Me dirijo a la UAM sabiendo que como en cada cumpleaños a las 11 AM tendré un simulacro, según para saber qué hacer en caso de un sismo. Como siempre no lo tomé tan enserio, incluso he de decir que pocas personas a mi alrededor lo toman enserio. Algunos hacen bromas, otros no salen de sus salones o simplemente se quedan arriba de los edificios viendo a todos aquellos que si hicieron caso al simulacro y buscaron el lugar seguro de la universidad.

Finalmente y no con la rapidez que debería, llegué al patio de mi escuela sóio para buscar a mis conocidos y novia para comenzar a platicar.

“Solo es otro simulacro, que buen festejo te avientas, feliz cumpleaños”…

son los comentarios de mis amigos respecto a la casualidad del simulacro y cumpleaños. Me río como de costumbre y seguimos charlando, todo esto mientras los altavoces indican qué hacer y a dónde dirigirse.

No sé si afortunadamente o no, tenía que salir de la universidad para ir a dejar unas cosas a la delegación Tlalpan. Salí de ahí como a las 12 y llegue a la 1 a la delegación, deje las cosas que llevaba y me dispuse a regresar a la UAM para ver a mi novia y disfrutar del festejo que ella me tenía preparado.

El pesero bailaba

Subí al pesero, me puse los audífonos y comencé un viaje, que después haciendo cuentas me tomaría más de 6 horas. De pronto en un semáforo justo antes del Estadio Azteca comienzo a sentir como el pesero empieza a bailar. Pensé que se estaban peleando o algo así, me quite los audífonos solo para escuchar como iniciaba la alerta sísmica y con ella el caos en la zona sur de la ciudad.

Afortunadamente el temblor inició cuando el semáforo se encontraba en rojo y no estábamos en movimiento, debido a ello ni siquiera tuve que bajar de la unidad para resguardarme, incluso llegué a pensar que no era nada grave. Intente hablar a mi novia pero no tuve respuesta alguna.

El tráfico se hizo sumamente pesado y de ese semáforo al paradero del estadio me tomó más de 20 min, cuando normalmente son 5. Fue entonces cuando comencé a darme cuenta de la magnitud del terremoto. Personas corriendo, llorando y con crisis nerviosas, transformadores en el suelo, cascajo de construcciones y un largo etc.

Ya en el estadio y al ver la larga fila de gente esperando combi, intenté pedir un Uber pero nunca logró encontrarme. Termine por formarme en la fila de las combis y como todos subí desesperado por llegar a mi destino. Ya en la combi comenzaron las historias de personas que apenas lograron salir con vida en el 85, incluso un par de mujeres iban relatando como les había tocado sacar cadáveres de sus compañeros después de que les cayera una barda encima.

Sin duda, el calor, el tráfico, las imágenes de internet y los relatos de cada persona que subía a la combi más en llanto de quienes iban muy desesperados sin saber nada de sus familiares, no ayudaban en nada a lo pesado del trayecto que fue de al menos una hora de ahí a la UAM cuando casi nunca tardo más de 15 min.

Finalmente llegué con mi pareja, afortunadamente una compañera ya la había calmado. Comenzaron las preguntas normales en un caso así, supongo, ¿cómo están los demás?  ¿Qué hicieron? ¿Cómo quedo la UAM? al termino de esa breve platica, seguí el viaje a casa de mi novia y posteriormente a la mía.

Imágenes

Había un tráfico infernal, el panorama que se mostraba en internet era muy malo, siendo algo benevolente con el término. Incluso en algún momento pensamos en ir a la escuela Rébsamen para ayudar pues estábamos algo cerca, sin embargo, ninguno había tenido contacto con la familia y pensamos que lo mejor era ir a ver cómo se encontraban.

Por alguna razón pensamos que regresar a la base de peseros de la UAM era buena opción para poder encontrar un transporte con lugares y así fue afortunadamente. Ya habían pasado más de dos horas del terremoto y apenas habíamos tomado un pesero. El camino a Moctezuma no fue tan pesado como pensábamos, sin embargo, seguíamos viendo personas corriendo y llorando por las calles, muchos aún seguían esperando fuera de sus casas como si fuese a temblar de nuevo.

Llegando a Moctezuma el calvario comenzó una vez más, trafico infernal y gente corriendo por encontrar una combi que los llevara, muchos sino es que cientos prefirieron avanzar a pie. Las filas eran interminables y estábamos a punto de rendirnos y quedarnos en un hotel o casa de algún conocido, sin embargo, una camioneta de redilas paso frente a nosotros, le preguntamos si podíamos subirnos y contesto que sí.

Fue así como yo, mi novia y otras 10 personas logramos subir a algún tipo de transporte, aun cuando no avanzaba ni a dos kilómetros por hora. Por más que el chofer intentó irse por otros lados fue imposible librarse del tráfico. Nosotros en la parte trasera sufríamos por el calor y el no poder sentarnos por la falta de espacio, algunos sacamos sombrillas para aminorar los efectos del sol un poco, pero no era suficiente.

Los rumores

Una señora saco su celular y se escuchaba que estaban asaltando en algunos puntos de la ciudad aprovechándose del tráfico, todos dijimos “¡Qué poca madre!” otros incluso “¡Esos deberían estar bajo los escombros!”, al final mucho de esas expresiones eran producto del cansancio y la sorpresa de ver el contraste entre personas que ayudaban, como el chófer que nos llevó sin costo alguno, y personas que aprovechaban la situación para delinquir sin problema.

Después de tres horas de estar en el tráfico y bajo el sol llegamos a Neza, donde el chofer nos dejó para él finalmente llegar a su casa, caminamos por av. Texcoco para llegar a casa de mi novia, la zona seguía sin luz y se veían algunos estragos del sismo, bardas cuarteadas, el piso más hundido de lo normal y gente en la calle con temor de que volviera a temblar.

Reencuentro

Afortunadamente cuando llegamos, su familia se encontraba sana y salva, muy emocionados de vernos y ver que su hija se encontraba bien. La más emocionada fue su abuelita, quien no dudo en abrazarla y llorar por espacio de al menos dos minutos. Después recordaron que era mi cumpleaños y ya más tranquilos bromearon un poco.

Ahora era momento de que siguiera el viaje a mi casa, sabía que no tendría oportunidad de llegar en transporte público así que opte por tomar un Uber, el trayecto era largo y el costo era un poco alto pero tenía que llegar para saber de mi familia y después lograr descansar un poco.

Así fue, después de una hora más de viaje por la autopista llegué a mi hogar solo para encontrarme con que mi familia estaba en buen estado y afortunadamente nuestro hogar aguanto el sismo.

Al estar bien, tuvimos la oportunidad de bromear un poco sobre mi cumpleaños, platicar y después prender la tele para continuar viendo los daños de un día lleno de coincidencias que en un futuro deberían dejar como aprendizaje no tomar las cosas a juego y ser más responsables ante momentos como los del simulacro, donde seguramente muchas personas al sí hacer caso aprendieron como sobrevivir un sismo.

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