De gasolinazos y…¿“saqueosazos”?

“Azo” es un sufijo que bien podría aplicarse a varias cosas que han pasado en este sexenio. Reformazos, sueldazos, escandalazos, periodicazos, avionsazos y el último pero no menos importante: el gasolinazo. Aplíquese estos términos a cosas que siempre pasan pero que cada que tenemos un dejo de memoria histórica (o de dignidad política si es que tal cosa existe) toman importancia en la agenda pública:

  • Reformas impulsadas con pretensiones de solución de problemas nacionales pero que a la postre sólo parecen empeorar lo que pretendían arreglar.
  • Aumentos salariales de la clase política, tanto en sueldo nominal como en prestaciones, como vales de gasolina.
  • Casas blancas y otras propiedades millonarias de los altos funcionarios, casualmente otorgados por empresas relacionadas con las obras públicas licitadas por muchos otros millones.
  • Pruebas de que las fuerzas de seguridad pública participan en masacres civiles desproporcionadas, podemos enumerar los nochixtlanazos, tlatlayazos, etc.
  • Aviones presidenciales de miles de millones, aunque también podríamos hablar de muchos otros privilegios relacionados con el transporte aéreo, como helicópteros aterrizados en zonas protegidas.

Entonces al gasolinazo se le sumo el… “saqueosazo”? Una serie de episodios, unos más espontáneos que otros; algunos más organizados que otros; aquellos más violentos que los otros. Todos realizados en los primeros días de enero de 2017, especialmente entre el  4 y  el 5 pero que, al menos hasta el 9 de enero, día en que esto se escribió, seguían en diferentes intensidades y locaciones.

Pero no nos alcanza la gramática para describir la realidad. Deberíamos decir LOS saqueosazos o los múltiples saqueos. Aunque por economía de pensamiento (o pobreza de discurso) muchos opinadores insistan en aventar a una misma bolsa todo lo que pasa en la república, desde los mensajes de pánico en Naucalpan, pasando por los intentos patéticos de un gobernador por “calmar el pedo” durante los saqueos hasta la abierta revuelta civil en Rosarito Baja California, donde algunos hablan de muertos pero los atropellados son los únicos seguros.

Pero algunas cosas son ciertas:

El descontento

Más de una persona está irritada, por decir lo menos. En 1982 el precio por litro de gasolina era de .50 centavos de dólar, hoy es de casi un dólar, 100% de aumento en décadas de liberalismo económico (que algunos llaman “neo” como para diferenciar a un ladrón de un estafador) y eso sin contar la inflación, que es otra historia.

El hecho es que hay malestar, no sabría decir si “malestar social” como algunos sociólogos de ocasión buscan formular, como si le hubieran preguntado al señor entidad “sociedad” si se encuentra malito de algo y se siente mal. No sabemos cómo ni por qué específicamente (cada quien su encabronamiento), pero sí que muchas personas de la “sociedad” (sea lo que sea eso) se ven afectadas por el aumento al precio de la gasolina, y no sólo porque tengan automóvil, que en sí misma sería una razón suficiente, aunque muchos ecologistas, también de ocasión, digan que esto es un modo de vida reprobable y quisieran que todos andemos en utopías llenas de bicicletas y vainas colgantes…bueno quizás tengan razón en eso, pero la banda (todos nosotros) tiene (tenemos) derecho a molestarse por el aumento a la gasolina por la sencilla razón de que el Estado y su gobierno tienen la obligación de procurar el máximo bienestar para su población, si dicho bienestar debe excluir andar en auto, es cuestión de éticos y filósofos averiguar.

¿Acaso no tiene derecho Juan Pérez a llevar a su familia a vacacionar a Acapulco en auto, o María Hernández a andar en auto porque siempre que se sube al metro la manosean?

La otra razón también es simple, por más que muchos lo nieguen, el aumento en la gasolina encarece todo. Suben los costos de transporte para comida de puercos, para transportar cebollas, cilantro y aceite, por lo tanto, sube el precio de mis deliciosos tacos. No sólo aplica a metáforas chafas, aplica a una economía que es, de formas muy reales, endeble. Salarios mínimos que nunca alcanzan, informalidad, crimen organizado, el aumento en la gasolina es un clavo más al ataúd de las clases trabajadoras mexicanas. Es cierto, el subsidio a las gasolinas beneficia a muchos mexicanos de ingresos altos o medios (si es que es que la godiniza cree que sus 8000 al mes es ser clase media, auto engaño de muchos); ¿por qué no se hacen impuestos o tarifas progresivas entonces? No, porque eso suena a socialismo y ni modo de volvernos Venezuela, donde hay saqueos, especulación de la clase empresarial, ingobernabilidad, fluctuación de la moneda…esperen, ese ejemplo no funciona bien.

Las mentiras

Peña Nieto mintió, supérenlo. No hay forma más simple de explicarlo. Los videos de su mensaje de año nuevo 2015, su informe de gobierno de 2016 u otros desaguisados en video no hacen más que puntualizar lo que ya sabemos: que todos los supuestos beneficios de la reforma energética no eran más que slogans de su chingonsísima campaña de publicidad. A la mera hora, los lentes para ver debajo de la ropa no funcionaron; las pastillas para adelgazar no funcionaron y aprender inglés no era tan fácil como nos proponía el mágico mundo de Disney.

Como en las analogías anteriores, sin embargo, hay que ser un poco ¿ingenuo será la palabra que busco? Para pensar que realmente esas cosas iban a funcionar. Seamos directos: ¿Realmente alguien creía que la reforma energética iba a bajar los precios de las gasolinas y hacernos millonarios de la noche a la mañana? Si los sociólogos de ocasión buscan afirmar que sí, yo reto a quien sea a demostrar con datos empíricos que la mayoría de los mexicanos:

  • 1) pensaban que la reforma funcionaría tal y como dijo Peña nieto
  • 2) que de verdad tenían una mínima idea de lo que se trataba.

Lo cierto es que, en el mejor de los casos, hubo indiferencia respecto a las decisiones que se tomaban en el congreso. Lo alarmante, lo funesto, fue la forma tan drástica de hacer lo que otros gobierno han hecho subrepticiamente y con calma: subir precios, impuestos, disminuir salarios, acallar a la oposición, enriquecerse ilegalmente etc.

Decir que EPN es un mentiroso es simplemente perder el tiempo, lo realmente interesante es averiguar por qué seguimos (sí TODOS) eligiendo gobiernos así, por qué seguimos atados a una clase política que nos trata como niños chiquitos (y además estúpidos), por qué nos echamos la culpa unos a otros con el “por eso México está como está” que puede aplicarse para cualquier cosa y situación, por qué creemos que un gobierno debe ser “democrático” o que el libre mercado es inevitable. En fin, hay muchas preguntas más interesantes que

¿Por qué Peña Nieto, esa persona que debería ser tan honorable y viste la banda presidencial de nuestro maravilloso país nos mentiría a nosotros, los excelentísimos ciudadanos de esta democracia perfecta, qué hemos hecho para merecernos esto?

Las reacciones

En fin, que todos se apresuran a dar conclusiones. Apunte para los conspiranoicos: ¿Saben ustedes, personas que promueven la idea de que todo es culpa del gobierno de Peña que manda provocadores a saquear, deslegitimando la “auténtica lucha social” (póngale la descripción que mejor prefiera porque hay tantas que no alcanza para describirlas) que los “otros” (léase derecha, nazis, priístas que para el caso es lo mismo) acusan a AMLO, Morena, el EZLN y hasta los normalistas desaparecidos de ser los causantes de semejantes destrozos?

Para muestra lo siguiente:

Del enunciado “Sólo sorianas han sido saqueados” (que ni es cierto pero va) se sigue tanto:

  • a) “¡Pero claro! Sólo son sorianas porque ellos apoyaron a Peña Nieto, así que todo está planeado en los reportes de mes, todo será pagado por el gobierno para simular que las protestas no llevan a ningún lado, por lo tanto, debemos oponernos a estos actos vandálicos (lenguaje de conductor de Televisa no puede faltar)” tanto
  • b) “¡Pero claro! Seguro son esos pejezombies que se lanzan cual damnificados a robarse todo lo que pueden contra Soriana, a quien acusan de ser partícipe de un fraude que nunca ocurrió, esos resentidos únicamente aprovechan las situaciones así para robar, para  fregar al país, mejor que se pongan a trabajar, pinches huevones”.

La anterior es sólo una muestra de las múltiples interpretaciones que se pueden hacer de un mismo hecho. La realidad es más compleja: no hay pruebas contundentes y definitivas de que TODOS, absolutamente TODOS los incidentes de saqueo hayan sido orquestados por el gobierno federal ni Morena ni otros agentes externos; es perfectamente posible que haya saqueos espontáneos, o políticamente justificados (¿Acaso el #PosMeSalto no es un robo legítimo al gobierno, justificado políticamente?), así como protestas pacíficas, organizaciones etc. También es posible que, en efecto, haya episodios de saqueos organizados por el poder, destinados a inhibir la protesta y apoyados por las propios fuerzas de seguridad pero ¿Y qué? Su supuesto potencial para inhibir la protesta no resultó (ahí tenemos las múltiples manifestaciones del 7 y 9 de enero en varias ciudades).

Lo único que sí lograron fue dividir a la sociedad entre “buenos” (los que visten de blanco y lanzan consignas) y “malos” (los chakas, porque además la reprobación vino envuelta en el más cínico clasismo, que se roban teles para seguir viendo su rosa de Guadalupe).

Lo interesante fue que, al denunciar supuestas conspiraciones gubernamentales en contra de los “buenos” éstos terminaron aumentando la paranoia, la división y la desinformación

Escenario 1: todos asumen los saqueos como algo legítimo, un reclamo del pueblo que se expresa en rebeldía callejera. Se suman, se organizan y quién sabe, este pedo se vuelve Libia 2.

Escenario 2: los “buenos” los de “verdadera izquierda” se separan de los “malos” (los nacos, los rateros) y los acusan de cómplices del gobierno. La protesta pierde fuerza, el discurso opositor se fragmenta y ¡Oh sorpresa! ¿Quién ganó? Claro, el poder que sigue en el poder, sin ser tocado ni cuestionado: ni política, ni ética ni mucho menos ideológicamente.

En fin, que mientas unos se quejan de todo y otros se quejan de los que se quejan, seguirá habiendo clases dominantes y dominadas; ricos y pobres, democracia liberal, constitución de 1917, México México ra ra ra. Aunque unos vean la revolución venir y otros un simple berrinche de los pobres, el capital seguirá reinando en lo más profundo de nuestras convicciones: individualismo, propiedad privada, dinero etc.

Y para aquellos que se siguen rompiendo la cabeza, sólo quiero decirles que normar (aunque sea conceptualmente) es la condición necesaria del dogmatismo.

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